En los últimos tiempos México registra un incremento de ataques con ácido a mujeres, entre una serie de múltiples agresiones.
Aumentan ataques con ácido a mujeres en México
Hace muchos años los ataques con ácido a mujeres era algo que se escuchaba, pero muy lejos de México, pues eran una constante en Medio Oriente o países de África, donde las víctimas se contaban por cientos, pero poco a poco esa terrible agresión que deja marcas en la piel y el alma, se fue haciendo presente en el país y cada vez son más frecuentes.
En días recientes se registraron dos: uno a una mujer en Cancún y el otro a una bebé en Coahuila.
Te puede interesar: Ataques con ácido serán castigados con 7 a 13 años de prisión
En la mayoría de los casos estas agresiones se relacionan a violencia de género y los perpetran sus parejas o exparejas.
Buscan dañar a las mujeres, arruinando sus rostros y cuerpos, pero dejándolas vivas, una muestra clara de crueldad.
También tratan de infundir miedo y a su vez, demostrar poder que creen tener sobre ellas o recuperar el que perdieron tras su abandono por personas que creían de su propiedad.

El ocurrido en Cancún lo realizó un hombre de 24 años, identificado como Josmar “N”, quien le arrojó ácido muriático a su pareja en el rostro.
Los vecinos escucharon los gritos de la víctima, por lo que pidieron ayuda.
La trasladaron a un hospital para que se le atendieran sus heridas, a él lo detuvieron por intento de feminicidio.
Una bebé de un año fue la víctima del ataque con ácido muriático en Coahuila, ella se encontraba en el portón de su casa.
Su abuelita la cargaba cuando una mujer pasó y arrojó el corrosivo líquido.
Se informó que la atacante padece de sus facultades mentales, por lo que la llevaron a una institución psiquiátrica.
En tanto, trasladaron a la víctima al hospital pues resultó con severas quemaduras.
Otros ataques
La saxofonista María Elena Ríos es una mujer oaxaqueña que sufrió esta agresión y que se convirtió en un ícono de la lucha, no solo para aquellas que sufrieron ataques con ácido, también para las víctimas de violencia de género e intento de feminicidio.
Su caso además expuso otro tipo de situaciones, que se han arrastrado a lo largo de más de tres años en los que ha luchado incansablemente para obtener justicia.

Años antes de ese ataque, se registró uno en la entonces delegación Xochimilco, de la Ciudad de México.
La víctima fue Elisa Xolalpa, una joven a quien su expareja la agredió en repetidas ocasiones y aún después de quemarla con la sustancia corrosiva volvió a amenazarla.
En más de 20 años de lucha ha sido terriblemente difícil, pues la justicia no ha estado de su lado.

Otros nombres, como el de Carmen Sanchez, Ana Saldaña, se han sumado a la lista de mujeres que han vivido está terrible agresión, ellas se mantienen en pie de lucha buscando justicia y la visibilización de una problemática que va en aumento en un país en el que el machismo sigue imperando.
Tan solo en 2022 se registraron 47 ataques a mujeres con ácido u otra sustancia corrosiva, dio a conocer la diputada del Partido del Trabajo (PT) Margarita García García.
Pero este ataque es la punta del iceberg de una situación violenta previamente vivida por las víctimas.
Los perpetradores ya las habían violentado de distintas maneras, algunas incluso ya eran sobrevivientes de otros intentos de feminicidio.
Ellas creían que estaban solas, que nadie entendería su dolor, pero en la búsqueda de justicia se encontraron con otras mujeres que habían vivido y sobrevivido a ataques con ácido.
Pero en su andar con quienes también lo sufrieron, se encontraron con una gran traba, solo en siete estados de México estas agresiones están tipificadas como delito.

Importancia de la visibilización
De acuerdo al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), los ataques con ácido son agresiones con una altísima carga simbólica.
Pretenden marcar de por vida, dejando el rostro desfigurado y en el cuerpo de la víctima la estampa de su crimen.
Una huella imborrable y dramática.
El ácido y otras sustancias abrasivas se utilizan en muchos países como un arma.
No solo pretende causar un sufrimiento físico enorme -o, incluso, la muerte-, sino también para imponerle una condena social que la acompañará de por vida.
Meryem Aslan, responsable del Fondo Fiduciario de Naciones Unidas, explica que estos ataques.
“Tienen la intención de desfigurar permanentemente a la víctima, de causarle daños físicos y psicológicos brutales, de provocarle graves cicatrices y condenarla al ostracismo”.
En la mayoría de las veces los cometen aquellos a quien la agredida ignoró o rechazó.











Comments