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Aunque no ha sido la palabra del año, porque la pandemia lo anula todo, cada vez usamos más la palabra “algoritmo” en nuestras vidas.

El algoritmo parece que controla lo que vemos, lo que leemos, lo que compramos, hasta los amigos que tenemos.

Los algoritmos son omnipresentes y omnipotentes. La palabra algoritmo es una firme candidata a ser la palabra del siglo XXI, pero ¿sabemos qué es un algoritmo?

algoritmo, palabra del siglo

Definición y origen de la palabra

La RAE define algoritmo en su primera acepción como “conjunto ordenado y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema”.

Su origen, según la propia RAE, quizás viene del latín tardío algobarismus, y este a su vez del árabe clásico ḥisābu lḡubār, que significa “cálculo mediante cifras arábigas”.

Al igual, su origen proviene de la latinización del nombre de Al-Juarismi, matemático, astrónomo y geógrafo persa, considerado uno de los grandes matemáticos de la historia.

Si reflexionamos sobre esta definición, podemos concluir que continuamente aplicamos algoritmos en nuestro día a día.

Pues, de seguro alguna vez hemos montado, o ayudado a montar, un mueble de esa conocida empresa sueca a partir de un conjunto más o menos largo, de instrucciones.

A partir de un montón de piezas metidas en cajas rectangulares podemos tener una cómoda, un armario o un sofá.

Si bien este ejemplo encajan en la definición, la palabra algoritmo se suele asociar más a las matemáticas y a la informática. Observemos brevemente cómo son los algoritmos en estas dos disciplinas.

Algoritmos en matemáticas

La primera vez que nos enfrentamos a los algoritmos en matemáticas es en educación primaria. En los cursos, los docentes enseñan algo tan básico y común en la vida como sumar, restar, multiplicar y dividir.

Realmente, hacer estas operaciones es aplicar los algoritmos que nos permiten, a partir de unos números de entrada, obtener un resultado de salida. En la resta, por ejemplo, a partir del minuendo y el sustraendo, obtenemos la diferencia entre ambos valores, que es lo que llamamos resta.

De hecho, dado un problema matemático con solución, sabemos que no tiene por qué existir un único conjunto de pasos para resolverlo, sino que pueden existir varias formas diferentes de hacerlo, varios algoritmos.

Ciertamente, a medida que aumentan nuestros conocimientos en matemáticas vamos aprendiendo algoritmos más elaborados que proporcionan soluciones a problemas más complejos.

Algoritmos en informática

Los algoritmos en programación son básicos. Un programa informático no es más que una secuencia de instrucciones para que un ordenador realice una tarea determinada, a partir de unos valores de entrada.

Normalmente, esta tarea sirve para resolver un problema. Lo que estamos haciendo es que el ordenador implemente un algoritmo para que, a partir de un número finito de instrucciones, obtenga una solución.

Podemos, por lo tanto, conseguir que un ordenador reste dos números, programando alguno de los algoritmos que nos permiten realizar una resta.

Aprendizaje máquina

En general, los algoritmos se pueden clasificar según el tipo de problemas que solucionan. Los hay de búsqueda, de ordenación, de compresión de datos, de gráficos, criptográficos y de aprendizaje máquina, entre otros.

Los de aprendizaje máquina o machine learning son los que en los últimos años han captado más atención. Estos algoritmos tienen la característica particular de ser capaces de aprender a partir de datos. Así, realizan predicciones que nos permiten tomar decisiones de forma automática, sin que estén establecidas o decididas a priori.

El término machine learning se acuñó ya en el año 1959. Sin embargo, lo que ha provocado que en los últimos años estos algoritmos estén en auge es que ahora es cuando tenemos datos suficientes que nos permiten entrenarlos para poder ser empleados con resultados significativos.

Sin embargo, parece que estos algoritmos controlan nuestra vida y que pueden resultar peligrosos por los sesgos que se han demostrado que tienen, no olvidemos que están programados, entrenados y validados por personas y, por lo tanto, somos las personas las que conscientemente tenemos que saber qué esperar de ellos, qué decisiones les dejamos tomar por nosotros, regulando su desarrollo para que respeten criterios de equidad, sin ser discriminatorios.

Quizás el futuro nos traiga cosas inimaginables, pero por ahora no debemos temer a los algoritmos, sino que debemos darles el valor que tienen para ayudarnos a solventar problemas complejos.

Mucho más cuando pueden ser entrenados y ejecutados en máquinas con una gran capacidad de computación.

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